Protección

El vino almacenado en tanques o depósitos, si
éstos están llenos y cerrados, apenas sufre aireación. Pero es
corriente que se vayan vaciando conforme se va necesitando el
vino, quedándonos una capa de aire en la zona vaciada. Esto
trae malas consecuencias para la calidad del vino, que se
airea y oxida. Al mismo tiempo existen graves riesgos de
ataques por microorganismos aerobios que pueden perjudicar
sensiblemente al sabor y aroma del vino.
Como siempre en enología, es el sulfuroso el
encargado de evitar estos problemas a base de nuevas
inyecciones del mismo. Pero su uso constante en fermentación,
puede significar alcanzar niveles de SO 2 realmente
perjudiciales y detectables por el paladar.
Un método para inertizar cubas a un bajo
costo y con resultados óptimos es el difusor GALAXY- 100.
Es mucho mejor emplear un gas inerte en la
conservación de un vino o mosto, que añadir un producto más al
vino para conservarlo.
Hay que evitar la adición de sustancias
tóxicas.
Normalmente cuando el vino no se conserva
bajo atmósfera inerte, las instalaciones de almacenamiento se
suelen planear con muchos depósitos de pequeño volumen para
que el vino no permanezca mucho tiempo en cualquiera de ellos
en contacto con el aire, ya que el vaciado, lógicamente será
más rápido. Cuando se trabaja con nitrógeno, no existe
limitación de volumen, ya que como ya dijimos, no hay riesgo
de oxidaciones.
Si la fermentación de mostos se realiza bajo atmósfera de
Aligal 1, se ha visto que se consiguen varias ventajas:
- Reducción de las dosis de anhídrido sulfuroso.
- El proceso de fermentación transcurre de forma más
controlada.

Los vinos obtenidos tienen mejores calidades físicas y
microbiológicas.
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